lunes, 20 de septiembre de 2021

domingo, 19 de septiembre de 2021

Dios no es un macho

Más de 15 años atrás y ante una necesidad que marcaba la diferencia entre vivir o morir, empecé a frecuentar una terapia de grupo en la que se insiste con vehemencia y fiel convencimiento, que es necesario creer en un poder superior, como cada quien lo conciba. Mi relación con la divinidad fue pacífica al comienzo de mi existencia, porque solo se me ocurría que dios era el que me enseñaban en la clase de religión y en la capilla del colegio laico al que asistí, el que se adoraba en la misa de la iglesia de las instalaciones militares del Cantón Norte de Bogotá, el que recibí con la primera ostia consagrada a los nueve años y el que mi papá y mamá mencionaban con la reverencia propia de quienes repetían con poca disposición crítica, lo que sus antepasados más rezanderos les habían trasmitido por las buenas o por las malas.


A los trece años, por la misma época en que conocí algunos placeres que todavía no eran del todo adecuados para mi reciente infancia, empecé a alejarme de ese dios y me quedé sin uno, rápidamente. Llegué al punto que me sugirieron las lecturas de Fernando Vallejo en las que era usual considerar a dios en un grado de miserableza digno de merecer los peores insultos.


Posteriormente, a los 26 años, en el momento que mencioné al comienzo de este relato, intenté que mi poder superior fuera ese que había conocido en la infancia pero no funcionó. Intenté por el lado católico y hasta le di una oportunidad al cristianismo de grupo de oración, pero rápidamente desistí. Era evidente que mi desconexión de Jesucristo y de las narrativas que lo rodean, no iba a lograr que mi divinidad pudiera ser resuelta por ese lado. Sin embargo me tocaba construir un poder superior y por muchos años lo intenté desde una versión propia, autoconstruida, que tenía muchos parecidos con el dios católico, empezando porque era macho, como lo son las deidades principales de las religiones que conozco.


Además de ser evidentemente macho, dios me servía para pedirle cosas tan absurdas como un mejor trabajo, un carro o el poder y el dinero que creía que merecía. Ese esquema tampoco funcionó y después de algunos años llegó mi revelación. En una de las sesiones de esas terapias de grupo que me salvaron la vida y después de asistir por algo más de diez años, una mujer hizo una reflexión que me cambió para siempre. Esta subversiva religiosa reflexionó en voz alta sobre su relación con cierto dios que no es hombre y que ella había ido creando con las características que más le convenían. En su compartir, dejaba claro que no podía aceptar que dios fuera un hombre. Ello me dio las bases para empezar a construir una idea de divinidad que se ajustara a mis necesidades y a mis creencias.


Hubiera sido muy tonto diseñar una deidad femenina o no binaria y por el contrario conceptualicé un poder superior con el cual no podía tener una relación en términos humanos. No había posibilidades de conversar o negociar con ese nuevo ser (o no ser). Mi nuevo poder superior no atendía a una descripción colonialista, heteronormativa y hegemónica con cara de italiano de ojos azules, rodeado de ambientes vaporosos. Sencillamente no era nada, era mi poder superior pero no era algo susceptible de ser narrado, de ser discutido y definitivamente no tenía sexo, ni cuerpo, ni atendía a una referencia existente. Simplemente era superior a mi y en algunas ocasiones me arrodillaba ante eso, para recordar que había algo superior a mí, que ostentaba un poder inenarrable.


Este nuevo esquema me funcionó por varios años pero volvieron las dudas. Me cansé de la conversación espiritual en la que hay algo en el ser humano que es diferente al cuerpo, a las emociones y al pensamiento que es lo referente al espíritu. En este esquema parece necesario que existan conceptos como el alma que es una parte con ciertas características misteriosas, mágicas e intangibles. Pues no quise creer más en eso, incluso dejé de creer que el cuerpo, las emociones y el pensamiento vayan en compartimientos separados. Ahora concibo el proceso humano, incluyendo esas dimensiones y a las incomprensibles o inefables, como uno solo que puede ser explicado con recursos que no pasan de ser una opción metodológica plausible. En mi opinión es más como un sancocho o una maraña que un diagrama.


En este orden, lo más parecido a la divinidad en mi actual cosmogonía es lo que no se puede explicar, lo incomprensible, lo misterioso que, por cierto es la mayor parte de mi existencia en la que mi ignorancia es solo una partícula minúscula de lo que no podría ser explicado, si quiera, por la mayor sabiduría. Se podría decir que mi poder superior haya una primera forma en la ignorancia.


Sobre estos temas de las divinidades es muy poco lo que alguien puede afirmar. Sin embargo, puedo sostener sin dudas y con la tranquilidad de no estar equivocado que, aunque ahora creo que no existe, dios no es un macho.


Contrastes de Barichara

 










martes, 20 de julio de 2021

Bandera al revés

Hace poco le estuve leyendo un libro de la historia de Colombia a mi hijo, que iba desde antes de la llegada de los españoles hasta su partida a las malas en 1810. Es importante recordar que después volvieron con toda su violencia y criminalidad a intentar preservar su botín, hasta que en 1819 fueron vencidos y finalmente expulsados.


Las celebraciones que veo hoy de Independencia, me resultan poco convincentes. Me parecen cantos y arengas de hinchas de equipos de fútbol que le rinden culto a unos colores. También me imagino a publicistas y comunicadores inventando frases que nos convenzan que somos un pueblo “echao pa´lante” y tantas otras fórmulas que me parecen trilladas y manipuladoras. Igualmente me imagino a los políticos y los militares haciendo de las suyas con ceremonias, metáforas y remembranzas que pretenden agitar la tribuna para que cantemos el gol de los 211 años; ¿211 años de qué?, no importa, pero son más de dos siglos y eso es mucho tiempo.


Me pasa que las ceremonias militares y policivas del día de Independencia me hacen sentir que ya no estamos bajo el yugo de los miserables españoles que enviaron acá a matar, violar, robar y cuántos otros verbos aterradores, sino que tenemos a una cantidad de personas armadas que usarán esas armas para defender a un nuevo soberano que no es exactamente el Pueblo, que constitucionalmente es el supuesto mandamás de este territorio.

 



Mi posición (trivializada), cuarta versión

  Después de la emigración de mi familia original desde una ciudad intermedia, nací en la ciudad capital de mi país y he vivido casi toda mi vida allí, aunque ahora vivo en un municipio pequeño y gentrificado. Al nacer, la situación económica de mi familia era retadora pero no me acuerdo de ello; mi recuerdo es de suficiencia y hasta de opulencia. En Bogotá viví en estratos 5 y 6 de las localidades de Usaquén y Chapinero. Asistí a un colegio privado, estudié en dos de las mejores universidades privadas de Colombia hasta conseguir dos posgrados, uno de ellos como magíster. Soy latino, no soy gordo aunque lo fui por más de 20 años, estoy casado con una mujer flaca, latina que también tiene un magíster y tenemos una relación heterosexual. Tenemos un hijo y vivimos los tres juntos. Nunca hemos pasado hambre o sed extremos o estructurales y siempre hemos tenido techo. Tenemos medicina prepagada, no tenemos deudas y estamos satisfechos con nuestros ingresos. No tengo propiedad de bienes inmuebles y tenemos un carro familiar de gama baja. No tenemos ninguna discapacidad. Las dos personas adultas de esta familia tenemos más de 40 años. No practicamos una religión, pero pertenecemos a un contexto católico. No creo en divinidades y creo que no es posible demostrar la existencia de Dios. Creo que hay muchas cosas superiores a mí y que ellas ostentan mucho más poder que el mío personal. Nunca he estado técnicamente desempleado. Me he desempeñado como asesor y consultor. Mi idioma nativo es el español, hablo inglés y comprendo algo mínimo de francés y portugués.



sábado, 17 de julio de 2021

Respuesta a la columna de Carlos Granés

De la identidad a la modernización y vuelta a empezar

Carlos Granés

Columnista del Espectador

Respuesta a la columna

Camilo Isaza Herrera

Blogger de mundoround

Después de sumergirse en la historia del pensamiento latinoamericano, el profesor Eduardo Devés llegó a una conclusión sugerente: tenemos manías cíclicas. (De acuerdo con Déves, el recorrido y el aprendizaje de los pueblos es cíclico y a veces es maniático.) De repente,  nos asalta una duda atroz sobre nuestra propia identidad (No es de repente, es el resultado de un proceso), buscamos desesperadamente nuestro espejo en el pasado (claro, somos el resultado de un proceso criminal de colonización que rompió el espejo, rompió con la identidad), izamos banderas que niegan lo extranjero (negar lo extranjero es imposible porque tenemos mucho de extranjeros)  y durante algunos años nos regodeamos en la exaltación del americanismo, del criollismo, del indigenismo, (esta empresa del americanismo, del criollismo, del indigenismo no debe ser ridiculizada. Como búsqueda de la identidad actual pueden ser muy valiosas y productivas) de la economía hacia adentro, del estatismo o de algún otro proyecto que mantenga a raya al imperio, al capitalismo sajón, a la contaminación cultural, al Pato Donald o al conquistador español (pues claro, Carlos, todos ellos son los opresores históricos de latinoamérica y reaccionar ante ellos es mera dignidad). Pero de pronto, por lo general después de un cataclismo económico o cuando todos estos elementos identitarios acaban instrumentalizados por algún tirano nacionalista, nos sacudimos de los símbolos y de las nostalgias e iniciamos una fase modernizadora. (Estás afirmando que la modernización y la búsqueda de identidad son antagónicas y eso no es cierto. Pueden ser complementarias.)

Empiezan a oírse entonces otras palabras, como desarrollo, industria, cosmopolitismo, futuro. Los indígenas, los gauchos y las referencias locales desaparecen de los lienzos y son reemplazadas por sueños abstractos o formas geométricas. Los artistas aprenden el International Art English y empiezan a usar palabras como readymade, body art o performance para explicar sus obras. Son períodos de apertura, de imitación y de contaminación, cuando lo que menos importa es si las ideas artísticas, económicas o políticas tienen vínculos con la tierra o con lo vernáculo, sino si sirven para algo. Y mientras sirvan y les permitan a los artistas globalizarse y a las economías prosperar, serán toleradas. Pero cuando sus ciclos se agotan o el maná que prometían deja de regar los bolsillos, el sentimiento nacional vuelve a arreciar para llevarse en una riada todo lo extraño, todo lo impropio, aquel avance del imperialismo, del neoliberalismo o de la cultura cosmopolita que en mala hora se coló por nuestras fronteras. Como si aquel hubiera sido un humillante período de neocolonización (¿Estás negando las formas contemporáneas de colonización?), se abjurará de su legado y entonces, claro, borrón y cuenta nueva. A empezar de cero. (Nunca se empieza de cero, esta es una falacia propia de los comerciantes que están desesperados por ser ricos)


Aunque el asunto es un poco más complejo —hubo períodos en los que las dictaduras convirtieron la modernización en una causa nacional—, esta es una de las razones por las cuales América Latina está siempre en pañales (America Latina no está siempre en pañales, está en un proceso que si se compara con otras zonas, no tiene los mismos indicadores y no responde a la lógica inventada por quienes nos colonizaron. América Latina está aprendiendo y ridiculizarla de esta manera no la ayuda), incapaz de valorar sus logros, inventando pasados de ensueño y llevando por bandera sus venas abiertas y sus victorias mutiladas. Basta con observar lo que está ocurriendo en Chile. El país que más cerca estuvo de vencer el subdesarrollo (el subdesarrollo es un concepto inventado por quienes nos colonizaron, para tenernos de hermanos menores) se desentiende de esos logros —como si no lo fueran— y empieza a dar un giro identitario (Debes recordar las bases criminales de los “logros” de Chile). La nueva Constituyente, presidida por una indígena mapuche (qué maravilla, en Colombia fue presidida por un guerrillero recién desmovilizado), se propone enterrar el neoliberalismo con sus reminiscencias pinochetistas y refundar el país en torno a la plurinacionalidad (Es que es plurinacional así el sueño de la colonización sea la uniformidad). No buscan corregir el modelo o enmendar las desigualdades que fomenta. No. (¿Y en qué te basas para decir que van a enterrar todo lo antiguo? Además de ser imposible, porque tocaría formatear los cerebros de los constituyentes, hay representación de los conservadores en la Asamblea y va a haber balances entre lo antiguo y el nuevo proyecto) Enterrarlo para iniciar un nuevo experimento del que no sabemos qué saldrá (de los experimentos nunca se sabe qué saldrá), pero sí que responde a esta vieja lógica. Buscará integrar a los excluidos, especialmente a los indígenas, y les dará importancia a los símbolos y a palabras como pueblo, dignidad y justicia. (Esta es la mejor noticia de la columna, ojalá sea cierto)

Es la historia mordiéndose la cola, porque una vez más, insatisfechos con la imperfección del cosmopolitismo, buscamos respuestas inexistentes en el ilusorio e idílico refugio de la identidad. (La búsqueda es suficiente, la inconformidad con lo existente es un maravilloso motor, ¿qué tal que nos sorprendan con la creación de una nueva lógica y que nuestros hijos conozcan algo que para nosotros era insospechado?)








martes, 6 de julio de 2021

Mi posición (trivializada), tercera versión

 Después de la emigración de mi familia original desde una ciudad intermedia, nací en la ciudad capital de mi país y he vivido casi toda mi vida allí, aunque ahora vivo en un municipio pequeño y gentrificado. Al nacer, la situación económica de mi familia era retadora pero no me acuerdo de ello; mi recuerdo es de suficiencia y hasta de opulencia. En Bogotá viví en estratos 5 y 6 de las localidades de Usaquén y Chapinero. Asistí a un colegio privado, estudié en dos de las mejores universidades privadas de Colombia hasta conseguir dos posgrados, uno de ellos como magíster. Soy blanco (o me veo blanco latino), no soy gordo aunque lo fui por más de 20 años, estoy casado con una mujer flaca, blanca que también tiene un magíster y tenemos una relación heterosexual. Tenemos un hijo y vivimos los tres juntos. Nunca hemos pasado hambre o sed extremos o estructurales y siempre hemos tenido techo. Tenemos medicina prepagada, no tenemos deudas y estamos satisfechos con nuestros ingresos. No tengo propiedad de bienes inmuebles y tenemos un carro familiar de gama baja. No tenemos empleados ni empleadas. No tenemos ninguna discapacidad. Las dos personas adultas de esta familia tenemos más de 40 años. No practicamos una religión, pero pertenecemos a un contexto católico. Soy ateo y agnóstico pero creo en un poder superior a mí. No he tenido largos periodos de desempleo y me he desempeñado como asesor y consultor. Mi idioma nativo es el español, hablo inglés y comprendo algo de francés.



lunes, 5 de julio de 2021

Lo que le quiero dejar a Cristóbal y lo que le estoy dejando

 Las dos son lo mismo. No hay algo que le quiera dejar en el futuro que no le esté entregando ahora mismo.


Le quiero dejar el convencimiento de que nadie es mejor que otra persona. Que todas somos iguales ante el destino y que no hay razones para sentirse superior o inferior a nadie. Quiero que aprenda que las personas no se pueden comprar, que con las personas no se debe jugar como si fueran las fichas de mi tablero. De igual modo quiero que aprenda que las cosas tampoco son como la escenografía de su película. Las cosas están compuestas por mucho de lo que nos rodea, por el aire, las plantas, las piedras, las montañas, los arcoíris, sus juguetes, sus materiales. Los animales son algo parecido a una persona y respetarles es respetarse a sí mismo.


Quiero que Cristóbal aprenda a hacer sus cosas con sus propios medios y que sepa pedir ayuda cuando sea preciso. Me gustaría que Cristóbal se sienta seguro y suficiente para vivir, para convivir con todas las personas y cosas que lo rodeen. Quiero que Cristóbal aprenda a usar sus manos, su cuerpo y su inteligencia para proveerse lo mejor que él decida. Me gustaría que él comparta lo que tiene, sus dones, sus regalos, para que disfrute más sus privilegios. Quiero que Cristóbal tenga claro que nació en un contexto privilegiado y compartir será su mejor opción.


Quiero que Cristóbal aprenda a ser crítico con lo que aprende, con lo que le enseñamos los adultos, con lo que escucha en la televisión o con lo que recibe por absorción cultural. Quiero que sepa leer de corrido y use los lenguajes para comprender y ayudar a que los demás comprendamos. Me encantaría que él le encuentre gusto a los números y que desarrolle un pensamiento matemático y lógico que ponga a su servicio y al de los demás.


Intento enseñarle a Cristóbal que puede sentir, sensaciones y sentimientos. El dolor es legítimo y la ira también. No es correcto llevarse por delante a las demás personas porque tenga dolor o ira. Mis sensaciones o mis sentimientos no me dan el derecho de cosificar a los demás y hacerles pagar por mi sufrimiento.


Me encanta que Cristóbal disfruta muchas de las cosas que hace y quiero que tenga un mayor gozo en el aprendizaje. Me encantaría que tomara con mayor ligereza sus desaciertos y que su paciencia se incrementara al aprender.


Me gustaría dejarle a Cristóbal, la imagen de un papá que aceptaba sus errores, como la ira desmedida y el miedo irracional, así como las reacciones exageradas que se derivan de ellas dos. Quiero que vea mi evolución en este tema y que sepa que no existe algo como estar muy viejo para aprender o para evolucionar.


Finalmente me gusta enseñarle a Cristóbal que se pueden respetar las decisiones de las demás personas, en todos los temas y que respetaremos las de él. No debe haber razones arbitrarias para reprochar las decisiones legítimas de los demás ni las propias. Si él quisiera reprochar algo con irracionalidad, debe auscultarse profundamente y encontrar la motivación de sus radicalidades.          


jueves, 1 de julio de 2021

Me gradué

Me gradué, qué alegría

 





Como decía Lucas Tañeda: Gracias, muchas gracias

 

lunes, 21 de junio de 2021

Vacunado

 Hago parte de los orgullosos portadores del chip de AstraZeneca








jueves, 17 de junio de 2021

Devenir quebrada

Convertirme en río va mucho más allá de mojarme o sumergirme porque rápidamente puedo volver a la orilla o secarme. Convertirme en Silvanio no es solo ponerme sus cotizas por un rato y caminar con su bastón, su nieto y alguna enfermedad en la cadera o en las rodillas, porque rápidamente puedo volver a mis zapatos citadinos. Devenir río tiene mucho de dejarme guiar por el nieto de Silvanio, por mi hijo y por las niñas y niños que viven los Senderos de Agua. Son quienes protagonizaron la caminata.


Al arrojar una pepita mágica al Pozo del Obispo que nutre la Quebrada Barichara, cerré los ojos y pedí mi deseo. Algo distinto debía hacer en esta ocasión al desear, porque todas las veces anteriores ante una fuente de agua, con una moneda, los resultados no fueron los que yo quería. Pedía para mí y para las demás personas, se me olvidó pedir para el territorio, para la comunidad, para lo incomprensible. Lo que más omití fue dar, ofrecer, ofrendar, pagar, pedir permiso. Esta vez no seguiré el agüero de ocultar mi deseo para que se me cumpla; voy a contarlo.


No me cabe duda de que la quebrada me contó una historia ese día y el siguiente y que me sigue contando más historias cuando escucho. Las formas de este riachuelo son y cuentan su versión. También puedo contar que Silvanio mandó limpiar un potrero para que los Senderos de Agua pudieran ser. La quebrada me contó que Silvanio tiene un lavadero de carros y un taller, a escasos metros de su curso. Dice ella que los jabones, los aceites y otros químicos la enferman, me enferman. Deben decir Silvanio y su familia que el negocio los ha dejado vivir tranquilos por años. Por cierto, yo también vivo tranquilo y nadie me está auscultando.   


Al siguiente día, en Puente Grande, sentí el mal olor del río y pensé en Silvanio, en todas las personas que habitan y visitan Barichara. Desde el puente, con mi guía y otras personas vimos una familia de guatines que cruzó con rapidez porque los de mi especie les tiran muy duro, para comérselos o quién sabe para qué. Uno de esos guatines me miró a los ojos y me hizo un pedido que me abruma y no sé si voy a poder satisfacerlo. Por cierto, lo que me pidió es muy parecido a lo que yo mismo deseé con la pepita mágica. 


Los Fiques y otro hilo que viene de La Culona, le dan más caudal a la quebrada que en algún momento recibió los desechos del matadero que no funcionó. Lo hicieron muy mal; hasta para matar se necesita buscarle la comba al palo. La construcción está abandonada, adentro tiene muchos avisperos que preferimos no alborotar, porque las avispas y cualquiera que sienta su rancho en riesgo, puede reaccionar mal. La baldosa blanca recuerda que este monumento vergonzoso fue hecho para que la sangre fuera fácil de limpiar. No lo lograron, ¡No lo logramos!


Afuera del matadero, nos dio por echar los escombros de las construcciones cercanas. Sin importar nada, pero un respiro está a punto de organizarnos, de ponernos límites, de darnos la posibilidad de elegir lo correcto. De ser libres. Sin discursos persuasivos sino con acciones y vocación, la elección se vuelve posibilidad. La quebrada no sabe qué es lo correcto, su sabiduría se haya en la magnificencia de solo ser, mi insensatez está en no dejarla.


Salimos de la carretera destapada y después de un broche bajamos por un camino empinado y pedregoso y nos encontramos otro monumento. Un óbelo con inscripciones por todos sus lados. Algunos de sus cómplices no han tomado la precaución de mandarse borrar y así evitar la identificación. Otros cómplices creemos que la indignación nos hace mejores sin recordar que aportamos a esa columna miserable. Las aguas de la quebrada que llegan a esa planta de limpieza, salen más muertas de lo que entran. Las aguas ensuciadas de Bagarí rodean el segundo monumento a la estupidez y aunque el matadero no funcionó, en esta construcción se cumple a cabalidad la función de matar.


Después de tanto olor a azufre, logramos cruzar la quebrada pisando sobre las piedras que sobresalen. Ahí entendí que si me dejaba guiar por la enemistad y no por las niñas y los niños, el paseo estaba acabado. Seguí caminando por entre el bosque, viendo basura y al llegar abajo, se oía el estallido del agua contra las piedras. También se seguían escuchando las historias que relataba la quebrada, con espuma hedionda, con icopores a las orillas, con una tortuga bajo la basura. Nicanor y Pedro tocaron el viento y el cuero. No era fácil celebrar con la música. Había ritualidad en el trabajo de recoger basura, gracias a la música, que en algunos despertó alegría.


Ya en ese punto el agua ruega por un escape y lo ejecuta al dejarse llevar por una gigante caída que da esperanza. Nos transformamos a nosotros mismos al dejarnos llevar por las formas y por las historias. Mis botas se mojaron por dentro cuando decidí acercarme a mirar el precipicio de la cascada. En ese momento pensé que mis zapatos, mis pies, estaban llenos de desechos de humanidad y sentí asco. El afán me dominó y emprendimos el camino de regreso con mi guía de seis años, para comprobar que esos monumentos no eran una fantasía de la desgracia.


Si quiero devenir río, no cabe duda de que me debo dejar mostrar el camino por mi guía y por las demás niñas y niños; en la niñez se sabe menos y se es más, como un río.












lunes, 31 de mayo de 2021

Mi posición (trivializada), segunda versión

Después de la emigración de mi familia original desde una ciudad intermedia, nací en la ciudad capital de mi país y he vivido casi toda mi vida allí, aunque ahora vivo en un municipio pequeño y gentrificado. Al nacer, la situación económica de mi familia era retadora pero no me acuerdo de ello; mi recuerdo es de suficiencia y hasta de opulencia. En Bogotá viví en estratos 5 y 6 de las localidades de Usaquén y Chapinero. Asistí a un colegio privado, estudié en dos de las mejores universidades privadas de Colombia hasta conseguir dos posgrados, uno de ellos como magíster. Soy blanco (o me veo blanco latino), no soy gordo, estoy casado con una mujer flaca, blanca que también tiene un magíster y tenemos una relación heterosexual. Tenemos un hijo y vivimos los tres juntos. Nunca hemos pasado hambre o sed extremos o estructurales y siempre hemos tenido techo. Tenemos medicina prepagada, no tenemos deudas y estamos satisfechos con nuestros ingresos. No tengo propiedad de bienes inmuebles y tenemos un carro familiar de gama baja. No tenemos empleados ni empleadas. No tenemos ninguna discapacidad. Las dos personas adultas de esta familia tenemos más de 40 años. No practicamos una religión, pero pertenecemos a un contexto católico y no practicamos el ateísmo o el agnosticismo. No he tenido largos periodos de desempleo y me he desempeñado como asesor y consultor. Mi idioma nativo es el español, hablo inglés y comprendo algo de francés.


domingo, 30 de mayo de 2021

Aniquilar a mi opositor hace que el juego se termine

El referente superior al que hacía referencia en una anterior entrada debe ser suficiente para cuidarme a mi, a mis grupos y a las contrapartes de la negociación. Debe tener una inteligencia y una comprehensividad tal, que me permita como negociador, optar por la creación de una prosperidad compartida con mi opositor.


Entregarme a ese referente significa que confío en que me va a cuidar, que lo hará con mis compañeros y con mis opositores.


Aniquilar a mi opositor hace que el juego se termine. Prefiero seguir jugando, seguir intentándolo.


viernes, 21 de mayo de 2021

miércoles, 12 de mayo de 2021

Un referente superior para dialogar

 Un paso fundamental en ese diálogo con traducción, es que cada una de las partes tenga algo como un poder superior. Es necesario que las personas que integren las mesas de diálogo estén informadas o regidas por algo que les es superior. Unos llevarán a dios, otros a la patria, algunos al interés general, hay quienes llevan a la pacha mama o la madre tierra, el universo, la constitución y la ley, la arquitectura universal o tantas otras posibilidades. Sobre esto no hay negociación y no es necesario revelar esta información.


Es fundamental que exista un marco axiológico que sea lo menos acomodaticio posible y que sirva de consulta a quienes dialogan. En las situaciones límite del diálogo y la negociación, las partes necesitarán abstraerse de sí y satisfacer algo superior, si quieren hacer un buen trabajo. Si su único derrotero son sus propios intereses o los de sus grupos, la conversación llegará a un escenario meramente transaccional que no refleja la complejidad del proceso humano y de la construcción colectiva.


Paro Nacional, Barichara, 11-5-21


 

martes, 11 de mayo de 2021

Traducir para dialogar

Es necesario creer que hay diferencias de entendimiento entre los “idiomas” (los códigos, las lógicas, el ser y el hacer) de las personas y colectivos llamada a dialogar. Partiendo de esa base se pueden ensayar diferentes dispositivos de traducción como los siguientes:


1. Construir un “idioma” conjunto. Se puede empezar por un glosario o por un diccionario de traducción entre dos y más “idiomas”.

2. Que una de las partes aprenda a hablar el “idioma” de la otra o las otras.

3. Designar una tercera parte que traduzca. Quien traduce tiene que hablar los diversos “idiomas” del diálogo. Puede ser la misma que ejerza la mediación. La labor de traducir sería una de las más importantes de la mediación.




lunes, 10 de mayo de 2021

Aceptamos que somos impotentes ante esta situación y que nuestra vida como colectivo se volvió ingobernable

El primer paso que tiene que ver con las dos preguntas que formulé en la anterior entrada, empieza por un proceso de aceptación. La forma de empezarlo es declarándolo. Aceptar que somos impotentes nos sirve para darnos cuenta que las decisiones y acciones que hemos emprendido, no funcionaron.

Ahora bien, la ingobernabilidad no solo es demostrable gracias a la crisis de las últimas dos semanas. La ingobernabilidad es estructural y antigua. Si logramos aceptar la impotencia y la ingobernabilidad, podemos estar dando un paso poderoso. Todavía no es prudente pasar a las soluciones.



domingo, 9 de mayo de 2021

¿Unirnos y dialogar?

 La solución que muchas personas proponen es “unirnos” y su método es el “diálogo”. Eso es como decirle a quien sufre con su gordura que la solución es adelgazar y que el método es comer menos y hacer ejercicio. 


Las preguntas poderosas son:


- ¿Cómo unirse aceptando las diferencias más profundas, sin anular el ser y el hacer de cada cual?


- ¿Cómo dialogar entre personas y colectivos que hablan idiomas diferentes? La mayoría hablamos español, pero el idioma de jóvenes barriales es muy diferente al que se habla en los salones del Palacio de Nariño y ni se diga al que hablan quienes integran las comunidades ancestrales.

viernes, 7 de mayo de 2021

Con cálculo político, sin renunciar a mis intereses, revisando mi privilegio

 Hoy decía uno de los líderes de la “Coalición de la Esperanza” que llegaban a la reunión con el presidente, sin cálculo político. Eso no es cierto. Todos ellos son políticos que viven de hacer cálculos políticos y está bien que los hagan, es su trabajo, su oficio.


Varios líderes dicen que, para salir de esta, necesitamos unirnos y dejar a un lado nuestros intereses económicos, políticos, religiosos e ideológicos. Eso es imposible. Si los dejamos de lado, nos convertimos en una masa de carne y hueso que solo necesitaría comida y agua. Los intereses no son algo negativo. Lo reprochable es ocultarlos y pasar por encima de los demás para satisfacerlos.


Un paso es empezar a analizar mi propio privilegio. ¿Merezco esos privilegios? ¿Sin darme cuenta los defiendo a toda costa?


jueves, 6 de mayo de 2021

Manifestación, protesta, expresión


 

Mi posición (trivializada)

Después de la emigración de mi familia original desde una ciudad intermedia, nací en la ciudad capital de mi país y he vivido casi toda mi vida allí, aunque ahora no. Asistí a un colegio privado, estudié en dos de las mejores universidades privadas de Colombia hasta conseguir dos posgrados, uno de ellos como magíster. Soy blanco (o me veo blanco latino), no soy gordo, estoy casado con una mujer flaca, blanca que también tiene un magíster y tenemos una relación heterosexual. Tenemos un hijo y vivimos los tres juntos. Nunca hemos pasado hambre o sed extremos o estructurales y siempre hemos tenido techo. Tenemos medicina prepagada, no tenemos deudas y estamos satisfechos con nuestros ingresos. No tengo propiedad de bienes inmuebles y tenemos un carro familiar de gama baja. No tenemos empleados ni empleadas. No tenemos ninguna discapacidad. Las dos personas adultas de esta familia tenemos más de 40 años. No practicamos una religión, pero pertenecemos a un contexto católico y no practicamos el ateísmo o el agnosticismo.





miércoles, 5 de mayo de 2021

Paro Nacional, Barichara, 5-5-21

 


"Ricachona insensible" contra "pobretona buenaparanada"

 
Seguimos descalificando la opinión o la acción de la otra persona, porque “es una ricachona insensible”, porque “es una pobretona buenaparanada que lo quiere todo gratis”, porque “desde el sofá mullido o el escritorio se opina muy fácil”, porque “qué va a saber esa iletrada”, porque “es obvio desde el punto de vista económico”, porque “esa nunca ha pasado hambre”. Todos estos argumentos y tantos otros miles de versiones de lo mismo, pretenden restarle validez a las posturas contrarias e imprimirle mayor poder a las propias. En últimas ganar la conversación, el partido, la batalla o la misma guerra. Es una forma de aniquilar a quien ejerce como oponente, condenándole a la irrelevancia e incoherencia de sus razones, motivos, opiniones y acciones; relegándole a ser una contrincante indigna.




martes, 4 de mayo de 2021