viernes, 21 de septiembre de 2018

Autoayuda política

Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Filosofía, 2018
Seminario:Política y afectos con Gustavo A. Chirolla Ospina
Exposición para el 21 de septiembre
Camilo Isaza Herrera

Manual para un mejor revolucionario

“Huir, pero mientras se huye buscar un arma” 
(Deleuze y Parnet, 1980, p. 154)

Al finalizar el capítulo cuarto titulado Políticas, del libro Diálogospublicado por Deleuze y Parnet, los autores hacen referencia a lo que caracteriza lo que ellos llaman “nuestra situación actual” con respecto al Estado (1980, p. 165). Cuatro décadas después esa “situación actual” es muy similar, con unas diferencias de grado con respecto al despliegue de la globalización y a una supuesta inmediatez de la comunicación y de las interacciones entre individuos y de estos con el aparato estatal.

Deleuze y Parnet, sin restarle relevancia a los estados nacionales pero afirmando sus limitaciones, denotan un “más allá y [un]más acá del Estado”. El primero, el “más allá”, lo evidencian en el “desarrollo del mercado mundial, el poder de las sociedades multinacionales, el esbozo de una organización «planetaria», la extensión del capitalismo a todo el cuerpo social”. Al igual que los estados, estas estructuras son máquinas abstractas que sobrecodifican “los flujos monetarios, industriales y tecnológicos”. El segundo, el “más acá”, es descrito por los autores como el espacio donde 

aparecen enormes fisuras siguiendo las líneas de pendiente o de fuga que afectan principalmente a: 1.º el control del territorio; 2.º los mecanismos de sometimiento económico (nuevas características del paro, de la inflación) ; 3.º los encuadramientos reglamentarios de base (crisis de la escuela, de los sindicatos, del ejercito, de las mujeres ; 4.º la naturaleza de las reivindicaciones, que ya no son sólo cuantitativas, sino cualitativas («calidad de vida» más bien que «nivel de vida» (Deleuze y Parnet, 1980, p. 165).

Todo lo último, referente al “más acá del Estado”, “constituye lo que podríamos llamar un derecho al deseo” (Deleuze y Parnet, 1980, p. 166) que también podríamos entender como un derecho a la revolución; ya veremos a través de este escrito por cuál revolución estamos abogando y ello será a través de cierta caracterización del revolucionario que parece resultar admisible para Deleuze y que, por cierto, concuerda con una exploración personal de quien lee esta exposición.

Esas “enormes fisuras” que siguen las “líneas de pendiente o de fuga” hacen parte de una maraña de, al menos, tres líneas diferentes que pueden ser también ilustradas como dos o como una sola línea “muy embrollada” (Deleuze y Parnet, 1980, p. 155). La descripción de las tres líneas puede ser resumida así: 

“la línea de fuga o de ruptura, que conjuga todos los movimientos de desterritorialización, ... les arranca partículas aceleradas que entran en vecindad unas con otras, los lleva a formar un plano de consistencia o de una máquina mutante; la línea molecular, en la que las desterritorializaciones sólo son relativas, puesto que siempre están compensadas por re-territorializaciones que les imponen tantos giros y desvíos como equilibrios y estabilizaciones; por último, la línea molar, con segmentos bien determinados, y en la que las reterritorializaciones se acumulan para constituir un plano de organización y pasar a formar parte de una máquina de sobrecodificación.” (Deleuze y Parnet, 1980, p. 155)

La metáfora geométrica que se utiliza en el texto que estamos estudiando y que es frecuentemente usada por Deleuze en toda su obra, permite escenificar una constitución espacial en la que la intersección de las líneas forma planos y estos a su vez también se intersectan y forman espacios tridimensionales. Vale decir que este espacio y estos planos son una forma eficaz para comprender el asunto pero la realidad está muy alejada de esta geometría regularizada para desarrollarse más bien algo como una geometría de la imaginación donde las constantes son la maraña y el embrollo y no la línea recta que solo se intersecta en una ocasión con otra. Se podría hablar de líneas curvas y de planos doblados para hacer más rigurosa la metáfora. Si a este espacio se le quiere asociar un tiempo, definitivamente no es uno lineal, es uno como el del eterno retorno, es uno que no tiene principio ni final y en el que parece no haber únicas oportunidades.

Ahora bien, el resumen que se cito más arriba sobre las tres líneas empieza por la línea de fuga que es en donde ocurre la revolución. Esto no quiere decir que las otras dos líneas no sean el objetivo de la revolución. Pese a que el movimiento revolucionario tiene que darse en la línea de ruptura, la intersección de esta con las otras dos líneas termina cortando las líneas de la máquina mutante y las de la máquina de sobrecodificación que podría caricaturizarse en las normas del sistema jurídico.

Continuando con la intención de entender las tres líneas a las que nos hemos referido, puede resultar útil la siguiente explicación:

Como individuos o colectividades ... estamos compuestos de diferentes clases de líneas: líneas molares que corresponden a las formas de segmentación rígidas que se dan en instituciones burocráticas y jerárquicas; líneas moleculares que corresponden a las formas fluidas o superpuestas de división características de la territorialidad «primitiva»; y, finalmente, líneas de vuelo que son los caminos a lo largo de los cuales las cosas cambian o se transforman en alguna otra cosa (Patton, 2013, p. 126). 

Patton las menciona en un orden inverso al anteriormente citado, primero hace referencia a las líneas de segmentariedad dura como “la familia-la profesión; el trabajo-las vacaciones”. En segundo lugar aborda las líneas de segmentariedad flexible o moleculares; descomponiendo esta ilustración limitante de línea es más ilustrativo entenderlas como umbrales donde definitivamente pasan “muchas cosas”. Por último, Patton se refiere a una línea de segmentariedad abstracta (Deleuze y Parnet, 1980, p. 141) que es la de fuga, la de cambio, la de mayor pendiente y por ende la más vulnerable, es la línea donde ocurre la revolución.

El revolucionario[1]

“Las ciencias de Estado no existen, lo que sí existe son máquinas abstractas que tienen relaciones con el Estado” (Deleuze y Parnet, 1980, p. 147). Por tener un objeto muy similar o idéntico, las ciencias de la revolución tampoco existen. Tanto la política como la revolución son actividades en las que la única herramienta fiable es la de prueba y el error. “No hay receta general” (Deleuze y Parnet, 1980, p. 163). “La política es una experimentación activa, puesto que nadie sabe de antemano lo que va a pasar con una línea” (Deleuze y Parnet, 1980, p. 156).

Si el escenario donde se quiere generar el germen del cambio es el de las leyes y los tribunales jurisdiccionales o el de los dramas familiares, el revolucionario se comprometerá con una tarea imposible de lograr. Sus esfuerzos, en apariencia revolucionarios, no serán más que simples modificaciones retóricas o de cambio de hábitos más o menos relevantes, pero el cambio que el revolucionario sueña no se logra en ese escenario. “Las grandes rupturas, las grandes oposiciones, siempre son negociables; pero la pequeña fisura, las rupturas imperceptibles ..., esas no” (Deleuze y Parnet, 1980, p. 149).

En este orden, el revolucionario debe estar atento a auscultar sus propios deseos de reprimir la revolución. Es necesario y comprensible quererla reprimir, la revolución es dolorosa e incómoda, es un estado crudo de vulnerabilidad que, en principio, debería quererse evitar. Al respecto Deleuze y Parnet anotan lo siguiente: “¿cómo puede el deseo desear su propia represión, su esclavitud?, nosotros respondemos que los poderes que aplastan el deseo o que lo someten, ya forman parte de los mismos agenciamientos de deseo” (Deleuze y Parnet, 1980, p. 150). El deseo crea realidad[2], si la revolución no surge es porque ese es el agenciamiento de deseo específico. “Ni hay deseo derevolución, ni deseo depoder, ni deseo de oprimir o de ser oprimido; revolución, opresión, poder, etc., son líneas componentes actuales de un agenciamiento dado” (Deleuze y Parnet, 1980, p. 150).

Por otra parte, el revolucionario debe gestionar los riesgos que aquejan a las tres líneas explicadas en el anterior acápite. En cuanto a la línea de segmentariedad dura, “las precauciones que debemos tomar para suavizarla, inmovilizarla, desviarla, minarla, dan cuenta de un largo trabajo que no sólo se hace contra el Estado y los poderes, sino directamente sobre uno mismo” (Deleuze y Parnet, 1980, p. 156). En mi opinión, el llamado que hacen Deleuze y Parnet en este apartado, tiene que ver con abandonar la ilusión de que la lucha debe solo centrarse en derrocar un tirano investido de poderes estatales, en desestabilizar las estructuras opresoras constituidas, en luchar contra la corrupción de los políticos. El llamado consiste en adoptar la decisión de derrocar al pequeño tirano que hay dentro de cada revolucionario, en desestabilizar las creencias que impiden la siembra de la revolución y en preguntarse y actuar sobre la propia corrupción. El llamado es a desterrar a los “micro-fascismos que existen en un campo social sin estar necesariamente centralizados en un determinado aparato estatal” (Deleuze y Parnet, 1980, p. 157). Este riesgo es también el de las líneas flexibles o umbrales y allí es donde se evidencian estos pequeños fascismos.

De igual forma, el revolucionario debe encargarse de cuidar la revolución. Ella puede caer en una inercia patológica que puede terminar identificándose con lo que quiere cambiar. La revolución es cambio y es deseo puesto en acción pero el deseo puede estar permeado por agenciamientos que buscan su propia represión. Igualmente, el revolucionario debe ser muy cauto en sus acciones, sus expresiones y demostraciones. En la cultura del espectáculo y del acontecimiento, que es la actual, existe la tentación de hacer expresiones muy visibles y llamativas que solo alertarían a lo que se quiere cambiar, para defenderse de la posible transformación. En palabras de Deleuze y Parnet que terminan empatando con esta caracterización de revolucionario austero pero eficaz, “la esquizofrenia es más bien la caída de un proceso molecular en un agujero negro. Los marginales siempre nos han dado miedo, y hasta un poco de horror. No son lo suficientemente clandestinos” (Deleuze y Parnet, 1980, p. 157). Se podría decir que el grado máximo de clandestinidad es lo que Patton recoge de Deleuze y Guattari, ese grado es el devenir-imperceptible (2013, p. 127)[3]. Al ser imperceptible el sujeto individual o colectivo, no habría posibilidad de prevenir la revolución que él siembra y ejecuta.

La revolución no es contra el Estado o las grandes corporaciones. “El verdadero problema de una revolución nunca ha sido: espontaneidad utópica u organización del Estado” (Deleuze y Parnet, 1980, p. 164). Esto no quiere decir que ellos estén en lo correcto, la revolución es contra los micro-fascismos, contra los ánimos irrefrenables de cambio que en el camino y generalmente apoyados por un aparato de guerra, mutan en miserableza, en mezquindad y en comodidad. La guerra no es necesaria para la revolución aunque tampoco sea deseable la paz totalizante por resultar sospechosa. 

Por su lado, el gran peligro de las líneas de fuga es “convertirse en líneas de abolición, de destrucción, de los demás y de sí mismo.” (Deleuze y Parnet, 1980, p. 158). La revolución que se fuerza y que tiene resultados tremendamente fijos, corre el riesgo de convertirse en una máquina que aniquile a los demás y al propio revolucionario. “La línea de fuga, cada vez que es trazada por una máquina de guerra, se convierte en línea de abolición, de destrucción de las demás y de sí misma” (Deleuze y Parnet, 1980, p. 161).

Proceder revolucionario

Aunque Deleuze y Parnet (1980, p. 162), según Patton, no aceptan que haya un programa político en sus planteamientos y en especial en las preguntas de esquizo-análisis, pragmática o micropolítica  (Patton, 2013, p. 105), se puede decir que son el mejor punto de partida para un programa revolucionario que obviamente es político.

Las preguntas son las siguientes:

1.    “¿Cuáles son tus segmentos duros, tus máquinas binarias y de sobrecodificación?”
2.    “¿Cuáles son tus líneas flexibles, tus flujos y tus umbrales? ¿Qué conjunto de desterritorializaciones relativas y de re-territorializaciones correlativas?” ¿Cuáles son los agujeros negros “en los que se aloja una bestia o se nutre un micro-fascismo?
3.     “¿Cuáles son tus líneas de fuga, líneas en las que los flujos se conjugan, en las que los umbrales alcanzan un punto de adyacencia y de ruptura? ¿Son aún tolerables, o están atrapadas en una máquina de destrucción y de autodestrucción que recompondría un fascismo molar?

Estas preguntas las debe hacer periódicamente, el mejor revolucionario. Los segmentos duros pueden cambiar por una causa distinta a la revolución propia, las bestias pueden surgir sin mayor aviso, las líneas de fuga se pueden convertir en un programa cuyo único fin es tener la razón y no uno que propenda por lograr la transformación.

Avanzando en el proceder del revolucionario, también es fundamental anotar que el poder de la revolución será mayor si tenemos en cuenta que un “cuerpo aumentará su poder en la medida en que sus capacidades de afectar y ser afectado se tornen más desarrolladas y diferenciadas (Patton, 2013, p. 111). En tanto “un cuerpo puede ser definido por los afectos de los que es capaz” (Patton, 2013, p. 116), la revolución y el revolucionario pueden ser definidos de igual forma. Ello determinará su éxito y la relevancia que adquieran. “Definir los cuerpos en términos de los afectos de que son capaces es equivalente a definirlos en términos de las relaciones que pueden establecer con otros cuerpos, o en términos de su capacidad de compromiso con los poderes de otros cuerpos” (Patton, 2013, p. 116). La vulnerabilidad como medio para realzar los poderes del otro, hacen más susceptible al revolucionario de ser afectado, le dan la posibilidad de afectar más a otros y de esa manera ganar poder. “Desde la perspectiva del poder, los devenires pueden ser considerados como procesos de aumento o realce de los poderes del cuerpo, llevados a cabo en relación con los poderes del otro, pero sin implicar una apropiación de esos poderes” (Patton, 2013, p. 117). Esta última frase crisparía a los capitalistas y a los militares fundamentalistas pero permitiría lo que puede ser una mejor forma de revolución.

El deseo juega un papel fundamental en este asunto porque solo se puede desear cambiar lo que afecta al sujeto que va a hacer la revolución. Si el sujeto no tiene capacidad de afectarse y de ser afectado, la revolución no será tal sino simplemente un pequeño cambio de hábitos. El deseo está compuesto de intensidad[4]“el deseo produce intensidades, pero esas intensidades están amarradas a las capacidades físicas, emocionales o intelectuales del cuerpo en cuestión” (Patton, 2013, p. 113). Lo anterior es fundamental pues el revolucionario debe ser riguroso en escoger la magnitud del cambio que busca la revolución y este debe estar dictaminado por las verdaderas capacidades de cambio de lo revolucionado y del mismo revolucionario.

Otro ejercicio recurrente del revolucionario, debe ser el de la libertad crítica que “difiere de los conceptos liberales estándar de libertad positiva o negativa por su enfoque sobre la condición de cambio o transformación en el sujeto y por su indiferencia ante la naturaleza individual o colectiva del sujeto” (Patton, 2013, p. 123). En esta concepción de libertad, es predicable su aplicación a las sociedades y no solo a las personas. Es una libertad cuyo fin es la transformación y no solo tener la posibilidad de seguir la propia voluntad o escoger entre opciones. Es una libertad cargada de intencionalidad política que pretende que las decisiones individuales y colectivas estén encaminadas hacia la responsabilidad de la propia existencia y en el mejor de los casos pretende modificar los intereses que pretendía proteger la libertad liberal. Es una libertad que busca que los individuos quieran cosas distintas (Patton, 2013, p. 123). La libertad crítica se manifiesta en la línea de vuelo (Patton, 2013, p. 127) que es la misma línea de fuga.

Para ejercer este tipo de libertad crítica es preciso someterse a una “evaluación fuerte” cuyo método puede ser el de aplicar las preguntas citadas arriba y que atañen a las líneas, a las segmentariedades dura, flexible y abstracta. La evaluación fuerte convierte al individuo colectivo o individual en algo nuevo, caso en el cual hubo una revolución. (Patton, 2013, p. 124) 

Conclusiones

Es posible resignificar la revolución a través de replantear su objetivo. La revolución cinematográfica no existe, los grandes líderes solo hacen parte de una línea en la que no es posible la revolución. Es posible que ella sea más afín a la cotidianidad, “las rupturas importantes son las grietas casi imperceptibles que afectan el concepto del yo de una persona. Ellas son, en palabras de Fitzgerald «la clase de golpes que vienen de adentro, que no se sienten hasta que es demasiado tarde para hacer nada al respecto». Una persona no se recupera de golpes de esta clase, escribe, «se convierte en una persona diferente y, eventualmente, la nueva persona encuentra cosas nuevas en qué interesarse»” (Patton, 2013, p. 127). La revolución es exitosa siempre que se haga a través de las pequeñas fisuras, lo demás parece ser un espectáculo novelesco.

En este orden se puede afirmar que la revolución que ahora parece ser necesaria es otra distinta a la de los barbudos que en Colombia están ya en la segmentariedad dura y que se convirtieron en abolicionistas. Su revolución cayó en un agujero negro. Un “nuevo tipo de revolución está deviniendo posible” (Deleuze y Parnet, 1980, p. 166).

REFERENCIAS
Deleuze, G. y Parnet C. (1980). Diálogos. Valencia: PRE-TEXTOS
Patton, P. (2013). Deleuze y lo político. Buenos Aires: Prometeo Libros



[1]Por revolución entenderé “una ruptura con la determinación causal que opera previamente en un campo social dado” (Patton, 2013, p. 105)
[2]Deleuze y Guattari afirman que“«el deseo produce realidad»” (Patton, 2013, p. 105). El deseo “es tratado como un proceso de producción” en El Antiedipo (Patton, 2013, p. 107) 

[3]Citando a Deleuze y Guattari  Patton define devenir como “«la acción por la cual algo o alguien continúa deviniendo otro (mientras continúa deviniendo lo que es)» (Patton, 2013, p. 115) 

[4]“El componente del concepto de deseo de Deleuze que se corresponde con el de afecto de Spinoza o con el sentimiento de poder de Nietzsche es el concepto de intensidad” (Patton, 2013, p. 112)

miércoles, 29 de agosto de 2018

¡Eureka!: no estoy enamorado de mi mamá


Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Filosofía, 2018
Heterogénesis de las formas sensibles: Seminario sobre Diferencia y repetición
de Gilles Deleuze con Nicolás Alvarado Castillo
Exposición para el 29 de agosto
Camilo Isaza Herrera

El inconsciente y las tres síntesis pasivas del tiempo

“... el inconsciente ignora al No”
(Deleuze, 2002, p. 171)

En esta exposición haré un esfuerzo por recoger los aspectos centrales de la revisión que hace Deleuze sobre el concepto freudiano de inconsciente y propondré algunas paráfrasis de lo planteado por el autor sobre la realización de las síntesis pasivas del tiempo en esa concepción diversa de inconsciente o de vida psíquica pasiva.
En las primeras páginas del segundo capítulo del libro Diferencia y Repetición, titulado La Repetición para sí misma (2002, p. 119 - 154) el autor entrega una completa explicación de las tres síntesis pasivas del tiempo. A manera de resumen de ellas, Lapoujade aporta de la siguiente manera:
“Deleuze distingue … tres tipos de repetición que engendran tres modos de temporalizaciones distintos (que contienen cada uno las tres dimensiones del tiempo): 1/ las repeticiones del hábito [1] (o el presente como fundación del tiempo); 2/ las repeticiones de la memoria (o el pasado como fundamento del tiempo); 3/ las repeticiones del eterno retorno (o el porvenir como “desfundamentación” del tiempo). La primera repetición es psíquica o biopsíquica, la segunda es metafísica, la tercera es ontológica.” (2016, p. 71).
Vale anotar sobre esta última que la ontología en Deleuze es un riguroso intento por pensar el proceso de metamorfosis, no como una transición o transformación entre una sustancia hacia otra o como un movimiento de un punto a otro, sino mejor como un intento por pensar lo real como un proceso en sí mismo [2] (Parr, 2005, p. 191).
En este punto y después de haberle dedicado un capítulo del libro a la diferencia en sí misma, Deleuze empieza a desplegar su propio concepto de repetición, que le sirve para explicar cómo las cosas se convierten en algo determinado y cuál es el papel exacto de la diferencia en ese proceso [3] (Williams, 2008, p. 84). Queda claro que “la diferencia viene antes de la repetición, así como, en los diálogos de Platón, la exposición de la Idea precede el relato mitológico.” (Lapoujade, 2016, p. 70). [4]
Sobre el placer y el inconsciente
Deleuze confronta la concepción freudiana del inconsciente con las citadas síntesis del tiempo (Williams, 2008, p. 106). Vale decir que el tratamiento que Deleuze le da al trabajo de Freud no es el de una crítica corrosiva. Mejor, parece agradecer la estructura que planteó Freud para hacer con ella lo que le parece correcto y mejor; si ello es reconstruirla después de derribarla, no está defraudando al sicoanálisis, lo está actualizando de manera respetuosa, aunque ello implique el nacimiento de ciertos monstruos, que no necesariamente asustarían a Freud.
Una de las principales reconstrucciones que hace Deleuze a partir de Freud, tiene que ver con no concebir al placer como proceso sino como principio. El autor lo reformula de una manera alejada de la definición común en la que “el placer causa placer”, ya que de esta manera es sospechoso plantear que el ser humano explicara su vida como solo una búsqueda insistente de placer. La concepción de Deleuze de placer puede ir más dirigida hacia la realización de lo que debe ser realizado, de lo que se debe repetir, a la realización de una repetición, que puede causar placer de ese que causa placer, pero también puede generar una reacción no necesariamente sexualizada. “Pretender, es ante todo pretender el placer. El alma, en tanto que diferencia, pretende su repetición. Y lo que vale la pena para la vida psíquica puede ser extendido a toda la naturaleza viviente que compone un inmenso Ello cuyos hábitos o ritmos dan testimonio de su pretensión de instaurar el placer como principio” (Lapoujade, 2016, p. 73). El placer parece ser aquello donde la repetición que el alma quiere, se verifica y es principio objetivo porque el proceso humano parece necesitar que esa repetición ocurra.
Siendo así, Deleuze procede a poner su concepto de placer en relación con las tres síntesis pasivas del tiempo de la siguiente forma:
“La repetición-lazo, la repetición-mancha, la repetición-goma: las tres más allá del principio del placer. La primera síntesis expresa la fundación del tiempo sobre un presente viviente, fundación que confiere al placer su valor de principio empírico en general, al cual se ha sometido el contenido de la vida psíquica en el Ello. La segunda síntesis expresa el fundamento del tiempo por un pasado puro, fundamento que condiciona la aplicación del principio de placer a los acontecimientos del Yo [Moi]. Pero la tercera síntesis designa el abismo al que el fundamento mismo nos precipita: … se trata de la desexualización en esta tercera síntesis, en tanto inhibe la aplicación del principio de placer como idea directriz y previa” (Deleuze, 2002, p. 180)
Estas tres síntesis pueden ser entendidas desde el punto de vista freudiano de la siguiente forma: “El yo narcisista repite una vez, con el tono del antes o del defecto, con el tono del Ello (esta acción es demasiado grande para mí); una segunda vez, con el tono de un devenir-igual infinito propio del yo ideal; una tercera, con el tono del después que realiza la predicción del superyó (¡el ello y el yo, la condición y el agente serán a su vez aniquilados!)” (Deleuze, 2002, p. 175).
***
Así pues, el inconsciente para Deleuze “atañe a los problemas y a las preguntas, que no se reducen nunca a las grandes oposiciones o a los efectos de conjunto que la conciencia recoge de ellos” (Deleuze, 2002, p. 171). En este sentido la concepción de Deleuze problematiza la de Freud al dejar de concebir al inconsciente como un medio en el que se resuelven disyunciones, sino uno en el que las operaciones son mucho más complejas, con preguntas y problemas que pueden tener diversas respuestas y soluciones que podrían estar marcadas por la ocurrencia de una repetición específica y no por una respuesta o solución preconcebida o correcta. Dado lo anterior, no cabe duda que “la estructura del inconsciente no es conflictual, oposicional o de contradicción, sino cuestionante y problematizante.” (Deleuze, 2002, p. 176)
En la doctrina de Deleuze, las tres síntesis son constitutivas del inconsciente (Deleuze, 2002, p. 179) y resultan también ser constitutivas del tiempo. Se podría explorar la posibilidad de que el tiempo y el inconsciente sean lo mismo o estén en un mismo conjunto. Sería dable incluir en este conjunto al tiempo y conformar una gran triada unívoca de tiempo-inconsciente-pensamiento.
Nuevamente, en reacción a los planteamientos de Freud, quien derivaba enormes consecuencias de los supuestos contradicciones y bloqueos del inconsciente, Deleuze plantea que los “fenómenos del inconsciente no se dejan comprender bajo la forma demasiado simple de la oposición del conflicto” (Deleuze, 2002, p. 168). Pareciera ser que Deleuze detecta cierto intento por trivializar la experiencia psíquica, al plantear que ella se resume a contradicciones. En ellas la diferencia es de tal magnitud que no le parece relevante para la vida síquica pasiva. Los problemas y las preguntas son los movimientos más presentes en esa vida síquica y no surgen sobre lo opuesto o sobre lo contradictorio. “El inconsciente es, por naturaleza, diferencial e iterativo, serial, problemático y cuestionante” (Deleuze, 2002, p. 171) y en este sentido las “preguntas y los problemas no son actos especulativos … Son actos vivos que invisten las objetividades del inconsciente, destinadas a sobrevivir al estado provisorio y parcial que afecta, por el contrario, las respuestas y las soluciones” (Deleuze, 2002, p. 168 y 169).
Resulta fundamental este último aparte citado porque deja entrever que en Deleuze la vida síquica y la vida sensible pueden coincidir y no ser dos conjuntos distintos que se refieren mutuamente, sino que son un mismo conjunto en el que unos movimientos son síquicos y otros sensibles. Se puede afirmar pues, que las acciones con los objetos reales presuponen las tres síntesis pasivas en el inconsciente, en los términos que planteen los objetos virtuales [5] (Williams, 2008, p. 107). No puede pasarse de largo ante la afirmación de Williams en la que los objetos virtuales plantean los términos de cómo se presentan las síntesis pasivas. Esto genera gigantes consecuencias en cuanto a la concepción del sujeto y del tiempo.
Igualmente, es necesario anotar que este tipo de vida psíquica y sensible no permitiría concebir al ser humanos como un todo determinado. Deleuze propone que “no hay cogito que no sea abortado ni sujeto que no esté larvado” (Deleuze, 2002, p. 174). De esta forma, “no es seguro que el pensamiento, tal como constituye el dinamismo propio del sistema filosófico, pueda ser referido, como en el cogito cartesiano, a un sujeto sustancial acabado, bien constituido: el pensamiento es más bien uno de esos movimientos terribles, que solo pueden ser soportados en las condiciones de un sujeto larvario” (Deleuze, 2002, p. 185) Vale aclarar que en este aparte Deleuze se está refiriendo al pensamiento pero ello es también aplicable a lo pasivo, a lo que no decidimos pensar sino que pasa en nuestra vida síquica.
Ahora resulta fundamental abordar lo que Deleuze llama las relaciones objetales. Ellas son posibles con objetos reales o con objetos virtuales. Ocurren en un presente que, como hemos dicho, ocurre gracias y simultáneamente con un pasado. Los objetos que están en el pasado son virtuales y los que están en el presente son reales. “El objeto virtual es esencialmente pasado” (Deleuze, 2002, p. 161). Lo “virtual no está sometido al carácter global que afecta los objetos reales. Es, no solo por su origen, sino en su naturaleza propia, jirón, fragmento, despojo … El objeto virtual es un jirón de pasado puro” (Deleuze, 2002, p. 160 y 162). El objeto virtual informa al objeto real al momento de presentarse una relación objetal pero el objeto virtual es parcial y decaído porque parece estar emergiendo de un profundo olvido en el que se opaca y cuando es necesario para la relación objetal, resurge mermado como un pedazo de lo que posiblemente antes fue un objeto real.
Sobre el tiempo
Ahora bien, si algo debe ser resaltado en la filosofía de Deleuze es su conceptualización del tiempo en la que este no se puede significarse como un plano o una línea en los que ocurren fenómenos. No es la imagen de un almanaque o de un reloj en donde podríamos ir situando fenómenos a diestra y siniestra. Tampoco el tiempo es un artilugio para narrar o para asignar intencionalidades (Williams, 2008, p. 85). El tiempo, para Deleuze, se va constituyendo, las repeticiones lo constituyen. Ellas no ocurren en el tiempo. De esta forma, además de no ser el tiempo algo como un medio geométrico, este no es único, hay varios tiempos. Por ello Lapoujade ilumina la comprensión explicando que el “pasado es una suerte de mundo lateral, virtual, paralelo al presente y que, en lugar de pasar como él, acoge en él cada presente, pero como pasado, de modo que el pasado coexiste por entero consigo, y con cada presente que pasa.” (Lapoujade, 2016, p. 75)
En este orden, “si es cierto que los dos presentes son sucesivos, a una distancia variable en la serie de los reales, forman más bien dos series reales coexistentes con respecto al objeto virtual de otra naturaleza, que no deja de circular y de desplazarse en ellas (aun si los personajes, los sujetos que efectúan las posiciones, los términos y las relaciones de cada serie permanecen temporalmente distintos). La repetición no se constituye de un presente a otro, sino entre las dos series coexistentes que estos presentes forman en función del objeto virtual” (Deleuze, 2002, p. 165 y 166).
Siendo así, el presente siempre es en relación con un pasado, “es su contracción” “Cada presente de nuestra vida es una repetición de nuestro pasado entero, contraído bajo tal o cual aspecto” (Lapoujade, 2016, p. 76). Al pensar de esta forma el tiempo, Deleuze enriquece el análisis y la formulación de un concepto de tiempo, partiendo de una intuición en la que parece haber un descontento con la forma estática o trivializante en que la filosofía había concebido al tiempo. Es posible que esa forma habitual sea más conveniente a la hora de explicar las teorías filosóficas, pero se compadece poco de la evidente complejidad y no linealidad del proceso humano, máxime cuando nos referimos al proceso síquico pasivo.
En este aparte sobre el tiempo es fundamental considerar lo que plantea Deleuze sobre la repetición que ocurre en el eterno retorno y que “excluye dos determinaciones: lo Mismo o la identidad de un concepto subordinante, y lo negativo de la condición que refería lo repetido a lo mismo y aseguraría la subordinación” (Deleuze, 2002, p. 181). Esto es lo que se puede denominar el “olvido de la identidad” (Williams, 2008, p. 84). De esta forma, el eterno retorno no es más que “la ausencia de origen asignable, es decir la asignación de origen como diferencia, que relaciona lo diferente con lo diferente para hacerlo (o hacerlos) volver en tanto tales.” (Deleuze, 2002, p. 195). No hay un original y un derivado. La diferencia es la única vez original en cualquier serie o en la serie de las series.
De esta renuncia conceptual a la identidad se puede derivar lo que Deleuze denominará el caos que sostiene todo el andamiaje de la vida sensible y la vida síquica. No podría esta hallarse fundada en un medio en el que los movimientos atienden a leyes universales necesarias y habría la posibilidad de predicar, por ejemplo, el bien o el mal de ellos, sin que la repetición específica pueda explicitar un pliegue temporal que resuena en sí mismo y afecta de una u otra manera. Este medio al que hago referencia, tiene que ser un medio inestable en el que haya movimientos de todos los tipos y que acoja incluso “movimientos aberrantes” como una magnífica posibilidad.
El eterno retorno, pues, hace volver sobre lo que Deleuze denomina simulacros o fantasmas que son esos “sistemas diferenciales de series dispares y resonantes, con precursor sombrío y movimiento forzado” (2002, p. 196). De esta frase es necesario aclarar lo que es un precursor sombrío. Puede ser entendido como lo que en un sistema “asegura la comunicación de las series que lo bordean” (2002, p. 186). Las series, los tiempos se comunican gracias este precursor que podría ser una representación opaca pero determinante en el relacionamiento entre series que corren paralelamente y que necesitan hacer cierto tipo de corto circuito para que se geste una repetición.
Unos puntos finales
Gracias al desarrollo conceptual de Deleuze se puede dejar de aceptar una doctrina que muchas veces se da por verdadera en buena parte de las disciplinas que estudian el comportamiento humano, como la sicología y obviamente en el sicoanálsis. Deja de ser forzoso aceptar que todos los humanos estamos enamorados [6] de nuestras madres. Dice Deleuze que en “suma, no hay término último, nuestros amores no remiten a la madre; simplemente, la madre ocupa en la serie constitutiva de nuestro presente un lugar con respecto al objeto virtual, que es necesariamente ocupado por otro personaje en la serie que constituye el presente de otra subjetividad, considerando los desplazamientos de ese objeto = x” (Deleuze, 2002, p. 167). Aunado a lo anterior, tampoco es forzoso aceptar que el proceso humano se basa en buscar el placer porque es placentero.
Por otro lado, la filosofía de Deleuze puede ser acogida como la invitación a experimentar un ahora radical en el que no “hay por qué preguntarse cómo el acontecimiento de infancia no actúa más que con retraso. Es este retraso, pero ese retraso mismo es la forma pura del tiempo que hace coexistir el antes y el después” (Deleuze, 2002, p. 193).
Finalmente, se podría afirmar que el título del capítulo que estamos estudiando, se explica con la siguiente frase: “Si la diferencia es el en-si, la repetición en el eterno retorno es el para-si de la diferencia” (Deleuze, 2002, p. 195)
Para cerrar, es preciso afirmar que, en la filosofía de Deleuze, el libre albedrío es solo una ilusión porque las cosas siempre emergen de una repetición inconsciente. (Williams, 2008, p. 84) o en otras palabras se puede declarar que todo “viene siempre de más lejos, y es más: todo ya está ahí, en los recursos infinitos e inhumanos del Uno.” (Badiou, 1997, p. 25)

REFERENCIAS
Deleuze, G. (2002). Diferencia y repetición. Buenos Aires: Amorrortu editores
Lapoujade, D. (2016). Deleuze, Los movimientos aberrantes. Buenos Aires: Editorial Cactus
Deleuze, G. y Guattari, F. (1993). ¿Qué es la filosofía?, Barcelona: Editorial Anagrama
Williams, J. (2008) Guilles Deleuze´s diffrence and repetition. A critical introduction and guide. Edinburgh: Edimburgh University Press
Parr, A. (2005), The Deleuze Dictionary, Gran Bretaña: Columbia University Press
Badiou, A. (1997), Deleuze “El clamor del Ser”. Buenos Aires: Manantial



[1] “… el hábito, como síntesis pasiva de vínculo, precede … al principio de placer y lo vuelve posible” (Deleuze, 2002, p. 156).
[2] Traducción propia
[3] Traducción propia
[4] Deleuze afirma que “la filosofía es el arte de formar, de inventar, de fabricar conceptos” y agrega que los “conceptos … necesitan personajes conceptuales que contribuyan a definirlos” (Deleuze y Guattari, 1993, p. 8). Teniendo en cuenta la alusión que hace Lapoujade sobre Platón, ¿sería posible afirmar que lo que hace Deleuze es inventar un concepto sobre la diferencia y que la repetición es un personaje conceptual que contribuye a definirla?
[5] Traducción propia
[6] En mi caso personal, esta idea siempre me ha repugnado.

jueves, 23 de agosto de 2018

Frases 2049

"Hay cierta desvergüenza que es inteligencia y talento"

"El mejor músico es el que se traga un metrónomo y se olvida de él"

martes, 3 de julio de 2018

"Por eso estamos como estamos", por no "meterle mano" a los juanitos Alimaña

Juanito Alimaña (Héctor Lavoe)

La calle es una selva de cemento 
Y de fieras salvajes cómo no
Ya no hay quien salga loco de contento
Donde quiera te espera te espera lo peor
Donde te quiera te espera lo peor

Juanito Alimaña con mucha maña
Llega al mostrador
Saca su cuchillo sin preocupación
Dice que le entreguen la registradora
Saca las billetes saca un pistolón, pum

Sale como el viento
En su disparada
Y aunque ya lo vieron
Nadie ha visto nada
Juanito Alimaña va'la fechoría
Se toma su caña
Fabrica su orgía.

La gente le teme
Por que es de cuidado
Pa' meterle mano
Hay que ser un bravo
Si lo meten preso
Sale al otro día
Porque un primo suyo
Está en la policía.

Juanito Alimaña
Si tiene maña es malicia viva
Y siempre se alinea
Con el que está arriba
Y aunque a medio mundo
Le robó su plata
Todos lo comentan
Nadie lo delata
Y aunque a medio mundo
Le llevó la plata
Todos lo comentan
Nadie lo delata

A la la ley ley ley ley
En su mundo
Mujeres, fumada, y caña
Atracando vive Juanito Alimaña

Cuando el era muchachito
Las cositas te pedía
Y si tu no se la daba la mangaba
Como quiera la cogía

En su mundo
Mujeres, fumada, y caña
Atracando vive Juanito Alimaña

Ese, ese tumbao lo quiere
Si lo ve mal cuesto,
Anda cuida tu cartera,
Ese si que sabe eso

En su mundo
Mujeres, fumada, y caña
Atracando vive Juanito Alimaña

Si, el otro día le encontré
Y Guillermo el me decía
Tumba kilo que tu quieras
Por mi primo es policía

Oye, con que ya ve el diablo
Se tira su disparada
Y aunque la gente lo vieron
No lo ratean porque nadie ha visto nada

En su mundo
Mujeres, fumada, y caña
Atracando vive Juanito Alimaña

El rey de la fechoría
Ayer me dijo facundo
Todo el mundo lo conoce
Oye ven al bajo mundo

En su mundo
Mujeres, fumada, y caña
Atracando vive Juanito Alimaña

Mira mira le da mano
And ella no tiene un callito
Ese nunca ha trabajado
Y siempre anda bien bonito

En su mundo
Mujeres, fumada, y caña
Atracando vive Juanito Alimaña






domingo, 24 de junio de 2018

viernes, 1 de junio de 2018

Trastorno Afectivo Bipolar


Mi Divercity

Desazón y cansancio resumen las pocas horas que estuve con mi familia en Divercity el Día del Trabajo.
Luego de almorzar en la plazoleta de comidas del centro comercial, hicimos cola por 45 minutos para comprar las boletas que nos costaron más de sesenta mil pesos. Nos pusieron unos brazaletes que parecían un reloj grande y luego de pasar por una requisa con detector de metales, entramos a este Mundo adulto para niños.
Cuando entré estaba emocionado porque el lugar está bien montado, a primera vista. Los árboles parecen de verdad. Empezamos a intentar entender la dinámica y quisimos entrar a una atracción de la Policía Nacional que recibe a nueve niños cada 20 minutos. No lo logramos porque había mucha cola y por suerte dimos con lo que estaba buscando mi hijo de tres años.
El tiempo para empezar una experiencia de arquitectura y construcción estaba por comenzar. Era una atracción con la marca de Pedro Gómez. Un constructor que en los últimos años entró en desgracia él o al menos su empresa.
Cuando el niño entró le dije a mi esposa algo como: “15 minutos libres”. Y si, tuve la suficiente libertad para sentirme abrumado por todas las marcas comerciales posibles. Cajeros de Servibanca que dan la mano. Pero solo dan la mano con una burda mano de tela pegada a su lado. Estos cajeros funcionan y les dan a los niños unos billetes que se llaman Divis.
Sin embargo, trataba de seguir con cara de padre que goza con el gozo de su hijo, para no azarar el ambiente con mi esposa a quien empecé a notar inquieta, tal como yo me encontraba.
Me llamaba la atención que la parte de afuera de las diversiones es como la calle de una ciudad de verdad en la que los carros pasan e interrumpen frecuentemente la paz. Y todos los papás esperan afuera de las atracciones a sus hijos, unos más lejanos otros sin perder de vista a los suyos cuando los vidrios dejan verlos pero todos gozando con el gozo de sus hijos y eso sí, disparando fotos y videos como si no hubiera un mañana.
En ese momento quise ir a lavarme las manos al baño, para quitarme el olor a salsas de la hamburguesa del almuerzo. Me parecieron bonitos los baños porque son al contrario que los usuales. Muchos servicios para niños y muy pocos para los adultos.
Tan pronto salió mi hijo de la quebrada empresa de construcción, empezamos a buscar su nueva aventura. Revisamos en la Policía, pero el tiempo de espera era abultado si se tiene en cuenta que mi hijo tiene tres años y hacer una fila de 25 minutos, solo, porque los papás debemos estar fuera de las filas, gracias a Dios, no es nada fácil.
Decidimos subir a un segundo piso donde había más atracciones y salones para fiestas infantiles. Encontramos la aerolínea, sin marca conocida, pero que parecía un avión de Avianca.
Empezamos a hacer la fila y el capitán nos informó que necesitábamos un turno. Si como el maldito turno que dan en los bancos y en las EPS. Pues bien, mi hijo tomó el turno, lo guardó en el bolsillo de su camisa y a esperar en la fila. No importaba tener turno. La azafata insistía que tenían que hacer la fila. Mi hijo se salía frecuentemente de la fila y se le veía inconforme con la espera. Mientras estábamos en esas, bajé a tomarme un tinto al que le sumé unos biscochos parecidos a las achiras. Volví a subir, terminando mi tinto, que era idóneo para el cansancio que estaba empezando a sentir y veo que los niños están empezando a entrar y todos tenían una tarjeta para pasar por un datafono. Lo único que tenía mi hijo eran 2.000 divis. El capitán nos informa que para que el niño entre, debe pagar 3.000 divis. El momento fue tenso, mi esposa hizo una cara de espanto digna de retrato. Con un tono entre amable y desesperado le dije al capitán que por favor lo dejara entrar por 2.000 y con un gesto bonachón dijo que no había problema. En ese momento el capitán se fue y la azafata asumió la tarea de colectar el dinero de entrada de los niños. Mi hijo tenía el dinero que le habían pagado en la construcción y se lo entregó a la azafata. Ella nos miró con cara de impotencia y sonrisa y nos dijo que faltaban 1.000 divis. Le dijimos que el capitán ya había accedido a la rebaja, con un tono no tan amigable, y ella accedió a dejarlo entrar.

Nuevamente no supimos qué pasó adentro. Pudieron haberle estado inculcando ideas capitalistas, hegemónicas, católicas y comerciales al niño o pudo haber estado en una experiencia de vuelo memorable. No se. Lo que si se es que ya mi esposa y yo concluíamos con claridad que nunca volveríamos a ese lugar vomitivo para nuestro gusto. Era una experiencia que quedaría chuleada. Todos los padres debemos padecer Divercity alguna vez, pero no dos.

Salió el niño, con cara de haber disfrutado, y con avidez lo condujimos a intentar entrar a la atracción de la Policía Nacional. Llegamos y estaban repartiendo los malditos turnos y toma, alcanzó hasta el niño de adelante. Nos miramos, pensamos en una espera de media hora y en coro decidimos buscar algo más.

Apareció Codensa con un cronómetro que estaba dañado pero un padre amable que estaba esperando a su pequeño nos informó que ya iban a terminar. Esperamos, mi hijo entró solo, luego llegó una compañera y todo Codensa fue para ellos solos por diez minutos.

No sé qué pasó adentro, si lo instruyeron con tácticas al estilo La Naranja Mecánica sobre el uso decidido de aparatos eléctricos y electrónicos, sobre las virtudes de comprar electrodomésticos con los créditos de Codensa, los más caros del mercado o qué. Con su overol de técnico de Codensa salió acompañado por la mujer que lideraba la atracción y por la otra niña y empezaron a caminar por toda la ciudad. Resulta que fueron a cobrar un recibo que estaba en mora en uno de los locales de la ciudad. Qué desgracia, la experiencia educativa de Codensa incluye la vergüenza de que lleguen los chepitos de la luz a la puerta. Luego fueron a una mina y entraron por la puerta de atrás. No supe qué hicieron pero el pelado tenía cara de alegría. Finalmente volvieron a la atracción de Codensa y el niño se retiró el overol y el caso y salió con varios miles de divis y una sonrisa.

En ese momento la pareja de adultos nos sentíamos cansados y abrumados. Hicimos una parada en una atracción más o menos atractiva que hay de camino a la salida. Es un stand grande de Lego, con bloques mucho más grandes que los usuales. Este espacio da a una ventana en la que se ven muchos edificios pero el solo hecho de ver la luz natural nos empezó a dar esperanza de que esta experiencia dramática terminaría.

Finalmente llegamos a la salida, nos quitaron los brazaletes y para mi sorpresa, antes de salir a los corredores del centro comercial que se sentían como la cristalización poética de la libertad, al cruzar el umbral de la puerta de Divercity, quedamos dentro de una tienda donde venden todos los elementos deportivos y de mercadeo del Atlético Nacional de Medellín. No estoy tratando de inventarme un final extraño. Estábamos ante los balones, las camisetas, los banderines y demás efectos publicitarios del Verde de la Montaña. No me pregunten por qué.

domingo, 13 de mayo de 2018

Rappi abuso

Después de haber visto varios repartidores de Rappi haciendo movidas peligrosas por las calles me empecé a preguntar más cosas.
Un día decidí preguntarles a unos muchachos que estaban esperando por su pedido en un restaurante, cómo era la cosa en esa empresa. Me contaron que se podían hacer hasta dos millones de pesos en un mes pero para lograrlo les tocaba trabajar como diez y seis horas al día, todos los días, que no tenían ninguna seguridad social, que le pagaban un seguro a Rappi de doce mil pesos mensuales, que toda la dotación la tiene que comprar, la cachucha vale siete mil pesos, el impermeable como doce mil, la caja, el morral, la lonchera, todo tiene un precio que paga el domiciliario. Rappi no les da nada.
Esta empresa es reconocida por el Ministerio de TIC y por un candidato presidencial como una fiel representante de la Economía Naranja.
No sé que será esa tal economía, lo que si se es lo que puede nacer de la unión entre la pereza y la sobreactuación de unos consumidores que no pueden salir de su casa a comprar un pollo y de la necesidad de dinero de unos muchachos a los que el mercado no les ofrece mucho. Rappi supo integrar con avidez estas dos variables.
El servicio es eficiente y además les sirve a los restaurantes para vender más, con bajos costos y riesgos operativos en el domicilio.
Los restauranteros y Rappi se están lucrando de tener a un ejercito de muchachos en la calle, chupando sol, clima y ciudad, pagándoles a destajo y poquito por una típica actividad que debería estar protegida por la legislación laboral. Estos muchachos andan de afán en sus bicicletas y en sus motos, poniendo en riesgo a los demás que andamos por las calles expuestos a que nos atropellen. Todo para llegarle a tiempo a un perezoso que no podía salir a comprar su almuerzo o su mercado o a un sobreactuado que no podía salir de su oficina a comprar unos cigarrillos.

http://mundoround.blogspot.com.co/2018/03/rappi-peligro.html




viernes, 6 de abril de 2018

Votar, cambiar el Mundo

Hoy me llamó dos veces mi hijo de tres años desde el celular de su mamá para contarme que estaban en un trancón muy largo. Al final de la segunda llamada le dije que eso era inaceptable, que tenemos que cambiar el Mundo. Uno no se puede demorar en carro una hora y media en un recorrido que a pie no toma más de 18 minutos.
Ahora bien, a mediados de junio ya habrá sido elegido el nuevo presidente de la República. ¿Será que votar es una forma de cambiar el Mundo? o ¿será que votando se perpetua un sistema que no funcionó y por ende el Mundo seguiría igual?
Mi decisión es no votar. Si tuviera que hacerlo, votaría en blanco y si no existiera esa posibilidad votaría por De la Calle o por Fajardo. Por los otros tres no votaría ni obligado.

sábado, 3 de marzo de 2018

Rappi peligro

Ayer iba cruzando la cebra con mi hijo de tres años y una moto de Rappi decidió pasarse el semáforo en rojo. Vale decir que el conductor tuvo el cuidado de no atropellarnos pero qué tal que hubiera cometido un error de segundos o de, máximo, un metro.

Lo más importante es que no pasó nada malo aparte de que el motociclista se le atravesó a quienes tenían la vía con el semáforo en verde. Lo paradójico es que el semáforo cambió como a los cinco segundos y ese fue el tiempo que se ahorró el domiciliario de esta exitosa empresa.

Lo de ayer fue una más, aunque la más significativa porque iba con mi hijo, de infinidad de veces que he visto a los colaboradores de Rappi incumpliendo las normas de tránsito. Ciclistas y motociclistas en contravía, andando por andenes a toda velocidad, parqueados en lugares prohibidos ... Hace pocas semanas ví como un motociclista de Rappi invadió una cicloruta y solo no ocurrió una tragedia, gracias a la pericia del ciclista que estuvo en riesgo.

Valdría indagar sobre el modelo de negocio de Rappi y saber si es que acaso los incentivos para los repartidores, los instan a ir siempre de afán y por ende a ser proclives a irrespetar a los demás con tal de entregar los pedidos oportunamente.